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El camino del perro, Sam Savage (Seix Barral)

Vuelvo a encontrarme con Sam Savage, tras el ya lejano Firmin, la entrañable rata que pasa de comerse los libros leérselos, en lo que supuso un éxito abrumador del hasta entonces desconocido escritor. Me apetecía descubrir qué ha sido de Savage en este tiempo, por lo que El camino del perro, una de las novedades estrellas para Seix Barral en la rentrée de este año (término con el que se hace referencia a las novedades literarias tras el periodo veraniego).


 
El camino del perro nos cuenta la historia de Harold Nivenson, pintor de escaso éxito en un momento de su vida donde ha cambiado hace balance y reflexiona sobre los motivos que le han llevado a su crisis existencial actual. A modo de diario, la narración en primera persona amplifican el discurso. El punto de vista es el de Nivenson y solamente el de Nivenson.

Su perro ha muerto, su amigo más fiel, su confidente. Y con su ausencia comienza la crisis, la reclusión. También ha muerto su viejo amigo, su antítesis, su competidor en cierto modo, Meineneger.

Con esos ingredientes Harold se mira a sí mismo y a través de lo que escribe vemos su reflejo; el artista reconoce su fracaso como artista (refugiado en su condición de modesto mecenas), como padre y como, en definitiva, el hombre feliz que en algún momento pretendió ser.

Al final, la recapitulación final, nada de lo hecho justifica la resignación por la infelicidad del presente, y siempre hay un resquicio para una nueva esperanza.

Me he encontrado a un Savage muy distinto al de Firmin, más intenso pero más denso y con un tono más pesimista. Muy recomendable este mundo del perro que nos disecciona Savage a través de su personaje. La pregunta, como siempre sucede en estos ejercicios narrativos, queda sin respuesta: ¿Cuánto de Sam Savage hay en el personaje de Harold Nivenson?

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