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La habitación del Presidente, Ricardo Romero (Eterna Cadencia)

En esta casa siempre estamos en la búsqueda de nuevas editoriales para saciar nuestra hambre de lectura. Teniendo gustos tan diferentes en lo que se refiere a literatura necesitamos abrir nuestros horizontes y seguir descubriendo nuevas obras. Y en una de nuestras búsquedas encontramos Eterna Cadencia.

Eterna Cadencia es una librería argentina. Está regentada por un librero de los de toda la vida, su creador y su alma. Es una librería de las que ahora están llenas las grandes ciudades, para tomar algo, para pasar la tarde, compartir con escritores…que ahora sean comunes no las hace menos necesarias. Para mí este modelo de negocio es lo que crea una identidad de barrio, es un entorno social importantísimo. Pero además no se conforma con esto sino que crea una editorial que según las palabras de su creador busca darle visibilidad a esos libros que no circulan mucho; rescatarlos de las editoriales que los tenían arrumbados.


Librerías con alma: Librería Eterna Cadencia
Gran parte de su catálogo está formado por escritores iberoamericanos poco conocidos en España. Soy una gran amante de la literatura iberoamericana, si puedo llamar a algo de una manera tan amplia existiendo como hay tantos tipos de literatura, tantos autores maravillosos con distintas influencias. Por ello conocer nuevos autores de manos de esta editorial es para mí una oportunidad fantástica y muy ilusionante.  

Pero pasemos a hablar del primer libro que ha pasado por mis manos. La habitación del presidente de Ricardo Romero. Inquietante novela corta, atmósfera perturbadora.  

Portada de La Habitación del Presidente
En este barrio, los sótanos están prohibidos pero todas las casas tienen una habitación del Presidente. En esta casa, la habitación del Presidente está adelante, mirando al jardín de la entrada. La familia hasta ahora nunca ha recibido la visita del Presidente, pero la habitación está siempre lista, por si acaso.

¿Qué hace el Presidente dentro de esa habitación durante sus visitas?, ¿y cómo entra?, ¿tiene la llave de todas las casas?, ¿cómo vive la gente en los edificios de la ciudad, donde no tienen una habitación del Presidente?, ¿cómo viven los demás en las otras casas? En cosas como estas piensa el niño que narra esta historia cuando está en el altillo, mientras la rutina de la casa sigue su curso, una rutina que parece excluirlo, pero que le permite pasar horas allí mirando el perfil de la ciudad a lo lejos, sin que sus hermanos o sus padres lo molesten, o recorrer la casa sin que nadie lo note, o espiar la habitación del Presidente desde el laurel que está frente a la casa.

Tenemos a una familia normal. Tres hijos en una casa de un barrio cualquiera, rodeados de vecinos, rodeados de casas. Y en todas las casas hay una habitación para el Presidente. Nuestro narrador es el hijo mediano. Ay, qué tendrán los hijos medianos. Su asombro es nuestro asombro. En una condición social aceptada por todos (el presidente puede venir a ocupar su habitación en cualquier momento), este muchacho se hace todas las preguntas que nos hacemos los lectores.  

El chico se ve fascinado por el cuarto, por la actitud de sus padres frente a él, por la actitud de sus compañeros ante las visitas del presidente. Y también por esa figura misteriosa que es el propio presidente. La suya es una preadolescencia llena de dudas, vacía aún de sentido que va llenando poco a poco igual que se va llenando la habitación.  

También es inquietante la relación entre hermanos, especialmente el hermano menor que nos deja algunos de los capítulos más extraños y eficaces.  

Una novela corta que se lee en un suspiro y que disfrutarán los amantes de los cuentos más inquietantes de Cortázar. He disfrutado mucho leyéndola, que al final es lo más importante de un libro. Me he dejado llevar por su atmósfera y me ha parecido redonda en su final.

Un placer haber conocido a Eterna Cadencia y a Ricardo Romero. Un placer compartido.

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