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American Smoke, viajes al final de la luz, Iain Sinclair (Alpha Decay)

Los que nos seguís con asiduidad sabéis de nuestra pasión por los libros de viajes. Los convencionales (el ortodoxo libro-diario del escritor convertido en narrador viajero) y aquellos fuera de norma, en los que el viaje es la excusa, el vehículo narrativo que nos lleva a su vez a emprender otro tipo de viajes.

En este último grupo se encuentran muchas de las grandes propuestas literarias, las arriesgadas e inconformistas, las que rompen nuestros aparentemente sólidos esquemas. De nuestras recientes lecturas destacaría como excelentes ejemplos de este grupo a La maldición de Lono (Hunter S. Thompson), Verano Azul (Mercedes Cebrián) y Viaje a la aldea del crimen (Ramón J. Sender).

El título que traigo hoy al blog entra por la puerta grande a este selecto grupo de libros de viajes fuera de norma. Porque dentro del viaje habitan otros viajes, evidentes y subliminales. Os presento American Smoke, viajes al final de la luz, de Iain Sinclair.
Ian Sinclair, autor británico de reconocido prestigio, cruza el charco para embarcarse en un viaje a lo largo y ancho de Estados Unidos que tiene como objetivo explorar el territorio que contiene las huellas de algunos de los grandes referentes culturales del autor.

El viaje se convierte no tanto en un peregrinaje geográfico como en un método de investigación. El autor, al indagar sobre algunos de los grandes referentes de la cultura norteamericana del siglo XX, lo está haciendo en realidad sobre sí mismo. Charles Olson, Kerouak o Malcom Lowry son un espejo para el narrador/admirador: el viaje como método de invocación y como vía de autoconocimiento a través de la contemplación de lo ajeno.

Ian Sinclair
El hecho de que parte de su recorrido lo dedique a Bolaño (que estás en los cielos) ya justifica su lectura y el viaje entero, y consigue de forma mucho más directa una empatía narrativa (perdonad la expresión) que con autores que por formar parte de una generación y de movimientos culturales poco explorados por el que escribe producen cierta distancia en algunos fragmentos del relato.

Un libro que por diferente y osado, por ser (sin probablemente pretenderlo) una radiografía precisa de un país cuyo territorio contiene gran parte de la mejor literatura contracultural del siglo pasado, y por sumarse a ese catálogo y por hacer del viaje literario pura psicodelia de introspección personal, merece la atención del lector inquieto que algunos llevamos dentro.

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