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Lily y el pulpo, Steven Rowley (Anagrama)


Este libro me llamó la atención nada más verlo porque estaba buscando una lectura ligera en los días de sol, sobre la hierba. Una lectura que pudiera confrontar las múltiples interrupciones de mis hijos al lado de una piscina. Ya sabéis, hay lecturas que aguantan esto y otras que no. La historia de un chico y sus problemas afectivos, del apego a su perrita, me parecía ideal para mi objetivo. A pesar de eso cada interrupción me costó horrores porque casi desde el principio esa historia tan sencilla me enganchó.

Lily, una perrita salchicha de doce años, despierta una mañana con un pulpo en la cabeza. Eso, al menos, es lo que de golpe ve Ted, su atribulado amo, un joven gay y soltero que se ha embarcado en la difícil empresa de ser escritor en Los Ángeles y que es también el hilarantemente irónico y no del todo fiable narrador de esta novela. Como las cosas no le van demasiado bien y no puede abrirse a otra relación íntima tras la ruptura con su última pareja, Ted está amputado afectivamente: la única excepción a su soledad es la compañía a toda prueba de Lily, así que echará mano de todos los medios a su alcance para salvarla de los tentáculos del «pulpo», eufemismo que le permite suavizar la espantosa realidad de la enfermedad de su perra. 



Desde la primera página lo que más llama la atención de la novela es su frescura y su humor. Aunque estemos hablando de algo muy triste, pero el protagonista es un chico entrañable, que se sienta los sábados a comer pizza y jugar al monopoly con su perrita. Un chico que va a terapia desde su última ruptura y tiene problemas para relacionarse de nuevo con hombres.

Pero en principio esto no importa, porque tiene a Lily. Todos los que hemos tenido o tenemos mascotas importantes en nuestra vida podemos sentir lo mismo que siente Ted cuando llega a casa. Alguien que te comprende, que te entiende, que te necesita sin reservas. Cuando no están el vacío es sorprendente y es curioso como esto es muy difícil de entender para alguien que no disfruta con los animales de alguien que ha vivido con ello. Es totalmente incomprensible, casi te hacen pasar por un loco. Como yo viví con alguien tan especial como Lily, puedo empatizar con Ted sobre el descubrimiento del “el pulpo”, esa enfermedad que intentamos no nombrar, en la que intentamos no pensar.

Y empieza la aventura para salvar a Lily. O al menos para disfrutar con Lily todo el tiempo posible, para desvariar, para recordar tiempos pasados… Ted es todo imaginación y referencias populares actuales. Muy divertido, un chico muy especial. Un personaje con el que conectas de inmediato.



También el final es muy especial y deja muy buen sabor de boca. Uno de esos libros que cierras con una sonrisa de oreja a oreja y no porque el final feliz salga milagrosamente de entre sus páginas, sino por el tono del protagonista. De veras que ha sido una lectura muy sorprendente, un libro fácil de leer y entrañable. Si estás buscando algo así no lo dudes.

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