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Maleza, Daniel Ruíz (Tusquets)


Tras La gran ola y el impacto que nossupuso su lectura, teníamos muchas ganas de leer la nueva novela de Daniel Ruiz. El final del verano ha sido la fecha elegida para ello y nos ha tenido tres días en vilo, entre playa, siestas de playa y largas noches en vela.


Maleza nos cuentas tres historias, aparentemente independientes, que nos hablan de la periferia de una gran ciudad y de los personajes que la pueblan. Perrera, Carnaza y Maleza (así se llaman los relatos) nos cuentan cómo un solo acontecimiento – casi siempre anecdótico, pero en todos los casos desencadenantes de traumas y de impulsos primarios e incontrolables – puede cambiar la vida de los seres que viven sobre el delgado hilo que separa el bienestar de la tormenta de los desplazados de la sociedad.
En Perrera es la muerte de un perro, cuyo dueño – un niño cuyo hermano muerto ha marcado su infancia – vive en un barrio periférico de ¿Sevilla? junto a otros muchachos. El desarraigo, la tibios lazos familiares, la cercanía con los aspectos menos amables de la calle y la rivalidad con otras pandillas acaban desencadenando la tragedia anunciada. La historia nos remite a la tradición narrativa de Baroja o de Marsé como ejemplos más representativos. Miradas al abismo de nuestras sociedades, a aquellos que no van a protagonizar las grandes gestas del futuro. Perrera también nos recuerda a las grandes tragedias lorquianas donde ya desde el principio se huele el peor de los desenlaces. Novela urbana en estado puro, con la hoja afilada que ya nos ha mostrado en otras ocasiones Daniel Ruiz.
En Carnaza cambia el escenario y el protagonista. Un corriente responsable comercial de una empresa de electrodomésticos encuentra, en una salida para hacer running por las afueras de la ciudad (la misma que Perrera) una mano amputada. La decisión de recoger la mano y de quedársela, junto con la lectura de la noticia de un periódico sobre un asesinato reciente en la misma zona lleva al protagonista a una serie de acontecimientos que le arrastran hasta el inesperado precipicio. La mano, como antes el perro, es el detonante que deja aflorar las costuras de lo que en apariencia es una vida perfecta. En mi opinión, Carnaza es el relato estrella del libro, en una suerte de novela negra mezclada con la reflexión implícita, sosegada y contundente de las historias de Daniel Ruiz.
Por último, Maleza, el relato que da título al libro, en el que nos adentramos en la historia de Nolito, un chaval con una deficiencia psíquica que trabaja como auxiliar en una urbanización de lujo, y enamorado inocente y platónicamente de una niña que vive en ella. Un episodio relacionado con el alcohol, la figura tormentosa de unos pájaros y los fantasmas interiores ocultos tras la tolerante solo en apariencia relación de los más débiles con el resto de la sociedad, son el caldo de cultivo para el desenlace de la historia. Narración incómoda y amarga, en la que es fácil sentirnos violentamente reflejados y nos deja un sabor de boca sucio, desagradable, como ya nos anuncia el título.

Los tres relatos de Maleza conectan entre ellos porque la derrota está en ellos, en sus protagonistas. Unos nacieron con ella tatuada y su sino está escrito (Perrera), otros la llevan tan dentro que solo aflora cuando aparecen situaciones límite (Carnaza) mientras que los terceros – los peores – son los que nos describen como sociedad hipócritamente tolerante pero que prefiere que lo incómodo y lo que nos llena de inseguridad se sitúe lejos de nosotros y no perturbe nuestro bienestar que tanto nos ha costado conseguir, no sea que venga alguien y nos estropee la sonrisa (Maleza).


Parece que Daniel Ruiz nos va a deparar muchas alegrías literarias en el futuro. Su espacio, ganado con justicia, nos devuelve gran parte de la tradición literaria de muchos de nuestros grandes, entre los que quiero recordar al gran Rafael Chirves. Con autores como Daniel Ruiz, el legado se confirma, motivo por el cual tenemos que leerles y cuidarles, o lo que es lo mismo, leerles más y hacer porque otros los lean.

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